#DanielOtero#FocusArtsImage. – Desde tiempos inmemoriales, las personas han usado amuletos, colgantes, aros, infinidades de formas sobre sus cuerpos.

Esto, tiene una lógica variada, que la vamos a analizar. NO existe un fenómeno sin un fundamento, algo que atraviese su corpus, su sustento y existencia. El ser humano, necesita creer en algo. Y alguien dijo: “ser ateo, es creer, precisamente, en nada”. O sea, las creencias siempre existen, aunque pueda parecer un juego de palabras.

Los accesorios en el cuerpo
Los accesorios en el cuerpo

Los objetos, funcionan como una extensión de los deseos, o un complemento de las  creencias. Esto sucede en todas las culturas y latitudes del planeta. No es un fenómeno de occidente, sino que se da en culturas asiáticas, de oriente cercano y medio, lejano también.

Los primeros datos que nos entrega el arte del período rupestre nacen cuando el hombre comienza a identificar los símbolos que su mente procesa. Entiende que el bisonte es la fuerza y el alimento por ejemplo, cuando cazaba, antes del período recolector, ya que en principios, fue cazador. Quizás asoció el diente, o el cuerno del bisonte con una cacería extraordinaria, y por eso, comenzó hacer colgantes. Con la idea de que la fuerza del animal, llegara a su cuerpo y él, tendría esa fuerza.

Toda extensión, todo artefacto que se coloque en el cuerpo, implica una creencia.

Si o si. NO es por gusto. El ser humano, precisa de accesorios que refuercen su estructura biológica y mental, espiritual. Por eso, existen los exoesqueletos, que utilizan las fuerzas militares. Pero también, internamente, el ser humano precisa de objetos tangibles, para darle una corporeidad a la creencia, para que el simbolismo de la misma tenga una forma a la cual aferrarse, abrazarse, existiendo una fuerte comunión entre el objeto mismo y la persona que lo porta.

En esta bella imagen, vemos un delicado crucifijo sobre el pecho de la modelo, recostado hacia un lateral, cayendo suavemente.

Gracias Pinky, por haber inspirado este trabajo.

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