En este tema tratamos la cuestión del rostro de la persona. Pero no ya como una cuestión de rasgos y fisonomías, las cuales están dadas por la raza, etnia, morfología, sino por algo más profundo que desarrollamos a continuación.

Los rostros de las personas contienen mucha información. Y el artista debe recogerla, detectarla antes, y captarla después, para luego procesarla, y poder transmitirla.

Las personas van mutando su rostro, no solo por los años, sino principalmente, por las vivencias que han experimentado a lo largo de su vida. Hay rostros enjutos, desencajados, tranquilos. Otros a veces, pensativos, dubitativos.

El rostro, cuando habla dice verdades
El rostro, cuando habla dice verdades

En la sesión fotográfica debe haber entretiempos. O sea, crear un núcleo o unidad de tiempo entre los minutos o mejor, las horas. NO sirve contar el tiempo por las manecillas del reloj ni por alarma.

 Sería lo peor.

Las personas llegan a la sesión de fotos con una carga de historias de vida. De experiencias.

Buenas, regulares, y malas.

Pero a veces, muy malas.

El artista debe entonces, arbitrar los medios necesarios para poder reelaborar en el espacio, tanto el tiempo como las temáticas.

No sirven las sesiones frías, rápidas, técnicas.

Lo que hay delante de la cámara es un ser humano, no un producto comercial, seriado, con códigos de barras.

Y hay historias, que aparecen delante de la cámara. Mágicas. Trascendentes. Instantáneas. Y el artista debe escucharlas. O aprender a escucharlas.

Por ese motivo, Miguel Angel Buonarotti, o Leonardo Da Vinci, o Piero della Francesca, cuando pintaban a sus modelos, duraban semanas o meses.  Y también años.

Esto, no era por una cuestión de perfectibilidad técnica. O sí, en parte. Pero ellos buscaban algo más profundo, escarbaban en la profundidad del modelo, para poder lograr “sacar”, esa cosa mágica que tenían en su interior.

Como dice un destacado autor (J.R.CIRLOT), “No todos los seres humanos se hallan al mismo nivel. Aun no aceptando la idea de diferencias radicales, ni el concepto de evolución espiritual, que siempre aparece con un matiz orientalista y esotérico, es innegable que las diferencias de intensidad (pasión, vida interior, generosidad, riqueza de sentimientos y de ideas) y de cualidad (formación intelectual y moral auténtica), determinan unos niveles de pensamiento esencialmente distintos…”

 

 No solo es necesario un excelente manejo del tiempo. Es necesario una empatía, un sexto sentido, para encontrar el matiz justo del momento, el fluido exacto de las palabras y el tono adecuado, para lograr con la persona retratada, los resultados más positivos.

Trabajar con rostros de personas, es descubrir una parte de su historia. Es involucrarse con el otro ser humano hasta límites a veces, inconcebibles para la razón. Y hasta el sentido común. Cuando un ser humano empieza a hablar, es porque se establece una conexión superior entre él  y el artista. Hay un canal supremo de comunicación que pasa por códigos visuales, cinéticos, olfativos y sensoriales a los cuales hay que estar siempre atentos.

Y prudentes.

Pues los seres humanos a veces, se quiebran. Están al borde. Al límite. Y de esos límites, hay que saber volver sin acercarse.

Gracias a Jazmín, por su confianza depositada  y por el inmenso amor  cariño demostrado.

Anuncios