#DanielOtero#FocusArtsImage. -Hay motivos para robarle al otoño, una tarde. Porque el invierno cuando llega, confisca todo lo que toca. Las tardes de invierno son trágicas. Todos se encierran. Pocos salen. Y el Sol, hace esfuerzos imposibles por cumplir con su ceremonia ancestral de millones de años: Alumbrar.

Por eso, hay motivos y motivos para robarle al otoño, una tarde. O varias. Porque cuando invernamos, recordamos el oro del Sol, la luminosidad de la incandescencia de la atmósfera que nos bañaba hace unos meses. La refractancia pura de los rayos solares que calentaba el ambiente. 

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Al calentar el ambiente, la palabra fluye más rápidamente. Al igual que el pensamiento. En invierno todo se hace más rígido. Los movimientos, las articulaciones…y…la palabra. 

Algún día, el Otoño tendrá que responder y devolver las tardes mágicas que se llevó. Se lo juzgará por ello. Miles y miles de personas ante el estrado del Dios de las estaciones, le exigirá saber que hizo con las tardes, y porque permitió al invierno que se las lleve.

Pero también, se increpará a la primavera y al verano. Se les harán cientos de preguntas a cada una. 

a) El porqué se fueron.

b) El porqué no nos dieron tiempo, en su eterna lucha con el otoño y el invierno.

c) Porque mientras a nosotros nos dejan el otoño y el invierno, se van a otros continentes con su color.

 

Conclusión: el otoño, es impiadoso con nosotros. Nos roba las tardes, en una transición fríamente planeada entre el verano y el invierno.

 

Hay miles de motivos para robarle una, o varias tardes.

Y muchas gracias a Aliss, que me dio la magia y la inspiración para semejante obra.

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