Retratar una persona, es un arte. No es una Selfie. No es una foto. El retrato, ocupa toda una categoría dentro de la fotografía. Es más profundo. Más trabajado. Más difícil de lograr.

maria-retrato-daniel otero

La persona retratada debe de ser consciente en todo momento de la acción. Porque no es lo mismo estar apoyada sobre una pared, una mesa, una silla, que mantener el equilibrio sobre el eje del propio cuerpo. Con seguridad. Con el riesgo de calambres y/o temblores. Por eso el retrato adquiere valor: porque no hay otras personas alrededor. No hay ayudantes, ni asistentes, ni nada por el estilo. Está el artista frente a la modelo. Puede ser pintor, dibujante, grabadista, fotógrafo, bocetista. Y tiene que lograr lo mejor de sí mismo, y de la otra persona.

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Retratar a la otra persona es, también, retratar su alma. Sus miedos, fantasías, demonios y ángeles. Lleva mucho tiempo de diálogo y no menos tiempo  de ensayos y exposición frente a la cámara. Hay que crear un clima, hay que enriquecer ese clima, vivirlo y experimentarlo.

Por eso, hay una gran diferencia entre el “Retrato” y entre una “Selfie” o una foto común. Pero el resultado, es simplemente excepcional. Como lo pueden ver aquí, en la foto de María.

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