Hay una figura, una metáfora de la realidad. Es decir, un tropo, algo que ocupa una parte de lo otro, cambiándole el significado. Eso, ocurre a veces en nuestras vidas y situaciones, en el campo de lo textual e hipertextual.

La Bailarina.

La figura de la bailarina en el insconciente, es poderosa. Desde la infancia incorporamos la figura de la bailarina desde varios ángulos de la percepción: a) la cajita de música, por ejemplo. En las cajitas de música se halla una gran parte de nuestro insconciente. Son mágicas. Con un carillón o campanitas, se forma la música con la cual la muñequita baila. Nos envuelve y nos remite al juego, la oscilación, la danza que nos mece, como nos mecía nuestra madre. b) La bailarina/acróbata de los circos, que visitábamos en nuestra infancia cuando llegaban de otras latitudes.

Dice Wikipedia : 

El bailarín o bailarina es la persona que se dedica al arte de bailar no solo profesionalmente, sino también como afición. Disciplina, constancia, pasión y valores éticos definen su aporte social a través de su vocación. Considerando que cada bailarín posee un talento que desarrolla a través del entrenamiento y su apropiada formación que potencializa las diversas aptitudes.

El entrenamiento tanto físico como mental del futuro bailarín dependerá del tipo de danza elegido. Hay programas universitarios y de escuelas asociadas a compañías profesionales de danza para la formación especializada. También hay pequeñas academias de propiedad privada, dónde los estudiantes pueden formarse en una variedad de estilos de danza, como formas de danza competitiva (por ejemplo, baile latino, jazz, baile de salón, hip-hop, funky, break dance, etc), así como étnico y folclórico.

Hoy en día hay lencería con esas reminiscencias. Con ese “Touch”, con ese estilo que nos arrima a ese formato. En este caso, tuve la suerte de poder contar con la persona adecuada, que se vistió y  posó como lo hace una bailarina.

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